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La amenaza yihadista es persistente en Rusia

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La amenaza yihadista es persistente en Rusia

El sangriento atentado suicida que provocaba 35 muertos y más de 170 heridos en el aeropuerto de Domededovo, en Moscú, el pasado 24 de enero, demuestra que el terrorismo yihadista salafista, sea autóctono ruso o ejecutado por personas ajenas a la Federación de Rusia, sigue siendo una de las principales amenazas a la seguridad de esta gran potencia. En cualquier caso, es obligado recordar que para los yihadistas salafistas el mundo ni tiene ni debería de tener fronteras políticas sino que es, hoy por hoy, un campo de batalla universal, y en términos de objetivos debería de convertirse en algún momento en un Califato planetario.

Volviendo a la crudeza del atentado este no se produce de forma aislada sino que es parte de un proceso. Hay que remontarse aquí, aparte de a las acciones terroristas producidas sobre el terreno en los últimos meses en repúblicas federadas rusas de mayoría musulmana, como son Daguestán o Inghusetia, en el Transcáucaso, a los dos ataques suicidas contra el metro de Moscú realizados por dos mujeres procedentes de Daguestán el pasado 29 de marzo, y que provocaron la muerte a 40 personas, o al ataque realizado en noviembre de 2009 contra el tren Nevsky que conecta Moscú con San Petersburgo y qeu provocó 28 muertos. Incluso si nos referimos al aeropuerto de Domodedovo, este ya fue objetivo del terrorismo yihadista checheno cuando, en 2004, otras dos mujeres suicidas embarcaron en sendos aviones de pasajeros y asesinaron a 88 personas. Este último atentado y el del pasado 24 de enero nos demuestran que las medidas de seguridad aeroportuaria no han mejorado mucho desde aquel aciago año.

Si esta última manifestación del terrorismo ambicioso y enormemente letal es obra del autoproclamado emir del pomposo Emirato del Cáucaso, Dokku Umarov, está por demostrar, pero es desde luego lo más probable. Hay que señalar además que ya el 31 de diciembre una mujer chechena moría en un club deportivo cercano al aeropuerto luego atacado cuando le estalló una carga explosiva que manipulaba. Ello demostraría que estamos ante una nueva ofensiva del terrorismo yihadista contra el corazón político de Rusia, y, de paso, serviría para desdecir al Primer Ministro Vladimir Putin quien el 26 de enero descartaba la pista chechena. Dicha declaración podría interpretarse bien como un vano intento de no reconocer que la finalización de las grandes operaciones antiterroristas en Chechenia, en abril de 2009, fue una decisión precipitada porque la amenaza no había sido eliminada, o bien porque contaba en esos momentos con evidencias de que el ataque terrorista tenía una autoría quizás de yihadistas extranjeros. Puede que también se intente evitar conectar a Chechenia y a los chechenos con tan execrable crimen, para que los ánimos que ya están de por sí muy radicalizados en sectores ultranacionalistas rusos, no vuelvan a manifestarse como ocurriera el pasado diciembre en Moscú con violentos ataques contra personas procedentes de la región caucásica o identificados como tales. Recordemos que el 15 de diciembre miles de policías antidisturbios, los OMON, detenían en diversos puntos de Moscú a aproximadamente un millar de personas para evitar que se reprodujeran enfrentamientos como los sucedidos días antes entre ultranacionalistas rusos y ciudadanos rusos de origen caucásico.

Hay pues en el transfondo del terrible atentado del aeropuerto de Domedodovo una realidad de tensiones intercomunitarias dentro de Rusia, por un lado, y la confirmación de que la amenaza del terrorismo yihadista salafista sigue ahí, por otro: nada hay además más deseado para los seguidores de esta ideología tan destructiva que provocar enfrentamientos graves entre la población, y, además, saben bien que las heridas que se producen por tensiones intercomunitarias o interreligiosas son las más difíciles de curar, y eso si es que se consigue.

The opinios expressed in this blog are personal and do not necessarily reflect the views of Global Brief or the Glendon School of Public and International Affairs.

Las opiniones expresadas en este blog son personales y no reflejan necesariamente los puntos de vista de Global Brief o de la Gleldon School of Public and International Affairs.

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