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¿Se acaba la paciencia con Irán?

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¿Se acaba la paciencia con Irán?

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Muchos medios de todo el mundo insisten en la idea de que las seis potencias implicadas en las frustrantes negociaciones con Teherán sobre su programa nuclear parecen estar ya al límite de su paciencia, más unas que otras, ante las reiteradas evasivas del régimen iraní. Incluso desde la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se muestra también impaciencia y a la vez frustración frente a lo que se interpreta como una actitud arriesgada por parte de Irán. En realidad todos estos movimientos de unos y otros eran previsibles desde el principio pues es casi seguro que la Comunidad Internacional seguirá sin lograr nada tangible en su aparente pulso con el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad o, mejor aún, con el complejo liderazgo político-religioso persa.

Aunque Rusia pueda expresar su hartazgo e incluso retrase la construcción de la central nuclear de Bushehr, aunque Francia se muestre indignada o aunque la Administración Obama recuerde los plazos comprometidos, y con ellos nos referimos a los actores que han manifestado una posición pública en los últimos días, Irán no cambiará su posición por ello. No teme que la Comunidad Internacional pueda aplicarle sanciones que verdaderamente provoquen daño en sus infraestructuras y en su estabilidad interior, sigue considerándose una potencia regional con la que el mundo debe de contar, lo quiera o no lo quiera, y avanzará mientras tanto hacia la consecución de su átomo militar. No sólo la experiencia de un país pobre y poco influyente regionalmente como es Corea del Norte le anima a ello, sino que, además, los escenarios poco optimistas que nos encontramos en Irak, Afganistán y Pakistán seguirán haciendo de Teherán parada obligada para las grandes potencias del mundo. Mientras tanto puede permitirse incrementar su influencia en Líbano, alejar a Siria de cualquier escenario de arreglo con Israel, aprovechar la indefinición del calendario político palestino para reforzar sus vínculos con Hamas y, finalmente, en una dimensión diplomática que a algunos se les escapa pero que es muy importante, reforzar sus posiciones en escenarios de Iberoamérica, África y Asia.

Mucho que ganar pues y poco que perder a menos que la Comunidad Internacional, léase las seis grandes potencias que se sientan a la mesa, sea capaz de evaluar los peligros que dicha ineficacia negociadora implica para la seguridad regional y el mal precedente añadido que aporta a escala mundial.

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