Margarita sin partido

October 20, 2017     
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La división interna del PAN se consumó y Margarita Zavala busca ser candidata presidencial independiente. Su decisión ha levantado críticas (algunas de fuerte tufo misógino) que la acusan de oportunista y de travestirse de independiente siendo ella una panista de larga trayectoria. Ni uno ni otro señalamiento me parecen acertados. Todos los políticos deben ser oportunistas si han de seguir en el candelero: los más exitosos han de desarrollar un olfato de sabueso para reconocer las oportunidades. Respecto a travestirse de independiente, me parece que aquí el problema es de semántica. Se insiste en llamarle “independientes” a quienes en verdad son candidatos sin partido. El adjetivo “independiente” es una engañifa que se inventaron algunos políticos que vieron en el desgaste del sistema de partidos una veta promisoria. Montados en el viejo discurso sociedad-civilista, se aprestaron a llamarse “independientes” para distinguirse de una clase política supuestamente infernal. Ningún político, sin embargo, es realmente independiente. Todos ellos representan intereses, sean regionales, de clase, o de otro tipo. Por otra parte, pensar que un político “emanado de la sociedad civil” puede representar a todo un país tan complejo como México es creer que existe una olla de oro al final del arcoiris.
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Mas que acusar a Margarita y a la bola de independientes de oportunistas y falsos, lo que valdría la pena sería analizar la conveniencia de haber abierto la arena electoral a candidatos sin partido. Desde el punto de vista democrático la decisión fue inobjetable: la prohibición de facto que pesó durante años sobre ellos era en efecto anti-democrática. Lo que no se dijo entonces, sin embargo, es que esa prohibición protegía también a los partidos al obligar a sus miembros a buscar puestos de elección popular haciendo política partidista. Y he ahí el dilema: permitir candidatos sin partido hizo más democrático al país, pero a costa de la fortaleza institucional del sistema de partidos. Y una democracia sin partidos fuertes y estables no es viable.
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Por hacerse los muy demócratas los partidos abrieron la caja de Pandora al permitir candidaturas sin aval partidista. Ahora no cabe sino que enfrenten sus consecuencias: la pulverización del voto, la proliferación de candidatos, y la erosión del sistema de partidos y con ello el de la democracia misma.
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Caveat lector: The opinions expressed in this blog are strictly personal, and do not necessarily reflect the views of Global Brief.
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