25 años de la “dictadura perfecta”

August 7, 2015     
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Se cumple el mes que entra veinticinco años del Encuentro Vuelta en que Mario Vargas Llosa tildó al PRI como la “dictadura perfecta”. A pesar de los muchos años transcurridos, la frase ha pervivido y de continuo se recurre a ella para adjetivar el priato (1929-2000). Pero de lo que pocos se acuerdan es de la respuesta que Octavio Paz dio en ese mismo encuentro: “Como escritor e intelectual prefiero la precisión. Primero, lo de México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, donde no han existido dictaduras militares. Hemos padecido la dominación hegemónica de un partido. Esta es una distinción fundamental y esencial.” Paz recurría a la tipología del politólogo Giovanni Sartori, quien definió al PRI como partido hegemónico pragmático: “The pattern can be described as follows. The hegemonic party neither allows for a formal nor a de facto competition for power. Other parties are permitted to exist, but as second class, licensed parties; for their are not permitted to compete with the hegemonic party in antagonistic terms and on an equal basis. Not only alternation no occur in fact; it cannot occur, since the possibility of a rotation in power is not even envisaged.” Las precisiones académicas de Paz, sin embargo, apenas si fueron recogidas por la prensa. “Vargas Llosa: México es la dictadura perfecta” tituló al día siguiente El País y de forma similar otros periódicos. Así de claro y contundente quedó registrado el evento en el inconsciente colectivo nacional.
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Que la frase de Vargas haya tenido tanta repercusión se explica por el contexto histórico en que ocurrió: en plena transición democrática y tan sólo dos años después de las elecciones de 1988. Que muchos aún la suscriban, sin embargo, demuestra a qué grado de distorsión llega en ocasiones la lectura histórica del siglo veinte mexicano. Efectivamente, como lo señaló Paz, un sistema de partido hegemónico no es una dictadura. Ambos son regímenes autoritarios, cierto, pero se diferencian crucialmente en que el primero requiere del apoyo de las masas mientras que el segundo puede prescindir de él. Magaloni (2006) lo señala en su estudio sobre el origen y caída del PRI, en el que demuestra que las trampas electorales son poco efectivas si no se acompañan de una verdadera redistribución del ingreso que suscite el entusiasmo popular.
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Si nos alejamos de la percepción del priato como una dictadura, entenderemos algunas de las claves del porqué el PRI pudo adaptarse tan exitosamente a la vida democrática. Y entenderemos también que, hoy como ayer, el reparto de bienes y servicios se haya en el centro del mismo de la competencia partidista.
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Caveat lector: The opinions expressed in this blog are strictly personal, and do not necessarily reflect the views of Global Brief.
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