A fajarse contra el narco

March 25, 2010     
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Ante el enésimo embate del narco en México algunos comentócratas cedieron al pesimismo y cinicamente culparon al presidente Calderón por la violencia. En breve su argumento va así: previo a la guerra contra el narco existía un equilibrio político y de mercado entre el Estado y los diversos grupos de traficantes que, en su afán de apuntalarse en la silla presidencial, Calderón rompió con resultados desastrosos. Siguiendo pues su lógica el fin de la violencia se alcanzaría mediante el repliegue del ejército, dejándole el campo libre a la todopoderosa mano invisible de Adam Smith que ha traer de nuevo la paz a México. Una solución a todas luces quimérica, propia de un nostálgico que ha idealizado el pasado.

Pero si volver en el tiempo es una utop√≠a y la legalizaci√≥n del consumo de drogas un tab√ļ para los gobiernos de M√©xico y Estados Unidos, ¬Ņqu√© hacer entonces?¬†Pues ustedes disculpar√°n mi falta de imaginaci√≥n pero no se me ocurre otra opci√≥n que mantener la presi√≥n sobre los grupos delictivos -con los recursos que se tengan y con el sacrificio que se requiera. Aunque a sabiendas de que una victoria contundente, una marcha triunfal del glorioso Ej√©rcito mexicano en las barriadas de Ju√°rez es so√Īar. Porque enti√©ndase: el narco no es un frente unido sino una federaci√≥n de carteles enfrentados entre si y contra el Estado. Un enemigo difuso como el que m√°s y con el cual no queda m√°s que fajarse, porque abdicar del ideal de que el Estado debe ostentar el monopolio de la violencia es el primer paso hacia la pesadilla hobbsiana: un mundo sin orden, donde la violencia hace de la vida una experiencia ‚Äúsolitaria, pobre, horrible, brutal, y corta.‚ÄĚ


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4 Responses to “A fajarse contra el narco”

  1. Dana Martin on March 26th, 2010 11:14 am

    Huuuu que frase con cual terminar su puesto… “solitaria, pobre, horrible, brutal, y corta.‚ÄĚ

    Lei el otro dia en el NY Times que los Estados Unidos estan trabajando juntos con Mexico a resolvar la problema… como los estado unidienses son responsables para la mayorita del demanda de los drogas… no es nueva, la estrategia anti-drug en los EEUU pero puede ser que un esfuerza para dirigirse contra la addiccion ayudaria.

    http://www.nytimes.com/2010/03/24/world/americas/24mexico.html?ref=americas

  2. Juan Pablo Garcia Magos on March 26th, 2010 11:14 am

    Uno de los tantos errores de Calder√≥n con respecto a este problema es que lo llamo “Guerra” y por lo tanto involucro los conceptos de victoria y derrota, como en las guerras. Pero es tan absurdo como decir que le declaran la guerra a los carteristas del metro , o a los estafadores. Son problemas que jamas van a acabar solo se pueden contener y reducir de manera que no interfieran con la vida de las persona.

    Por lo tanto despu√©s de miles de muertos , miles de dolares y muchos a√Īos, Calderon se va a quedar sin la anhelada victoria, simplemente por que ese concepto no aplica para este asunto.

  3. Alejandro García Magos on March 26th, 2010 11:59 am

    Buen punto Juan Pablo. Gracias!

  4. Alejandro García Magos on March 28th, 2010 4:32 pm

    Aquí transcribo el comentario de Gabriel Zaid en REFORMA. Tiene coincidencias con mi argumento.

    Ventas prohibidas

    Gabriel Zaid
    28 Mar. 10

    Que los ciudadanos engorden, fumen, se emborrachen o se droguen no es bueno para ellos ni para la sociedad, pero no es algo que amerite la intervención del ejército. La salud debe ser un objetivo personal y social, no un objetivo militar.

    Lo que justifica la guerra contra los cárteles (y la intervención del ejército, la marina o la policía federal) no es que vendan peligros para la salud, sino cómo los venden: organizados para dominar el mercado por el terror, como ejércitos que van tomando una plaza tras otra.

    No hay que confundir sus productos o servicios con la manera de imponerlos. Si vendieran Coca-Cola (que, seg√ļn la leyenda, tiene un piquete infinitesimal de coca), obligando a los embotelladores a entregarles sus empresas o aparecer degollados en televisi√≥n; obligando a las escuelas a permitir la pausa que refresca o sufrir un incendio; extorsionando a los estanquillos para cumplir cuotas de ventas; la respuesta del Estado no podr√≠a limitarse a legalizar la Coca-Cola.

    Si las tabacaleras fuesen autorizadas a vender cajetillas de mariguana (estrictamente reguladas: con advertencias de que “Este producto puede ser nocivo para su salud”, impuestos especiales, prohibici√≥n de anuncios con el testimonio de personas famosas que declaren su marca preferida), ¬Ņacabar√≠a el crimen organizado? Por supuesto que no. Los c√°rteles tomar√≠an las tabacaleras, o les har√≠an la competencia con mariguana pirata a precios √≠nfimos, o promover√≠an otras drogas.

    Si todas las drogas fuesen legalizadas, ¬Ņdesaparecer√≠an los c√°rteles? Por supuesto que no. Se mover√≠an a los servicios de protecci√≥n, secuestros, trata de personas, prostituci√≥n infantil, contrabando, falsificaciones, agiotismo. Sus oportunidades no dependen de tal o cual producto, sino de que est√© prohibido.

    Pero ning√ļn Estado, por liberal que sea, puede legalizar todo lo prohibido, por ejemplo: los secuestros. Ning√ļn Estado puede legalizar operaciones comerciales que imponen sus productos o servicios por las armas. La cuesti√≥n √ļltima no es si debe tolerarse el consumo de Coca-Cola, sino si deben tolerarse otros ej√©rcitos en el territorio nacional.

    El Estado -dijo Max Weber- es la institución que mantiene el monopolio de la violencia legítima en un territorio. Un Estado que renuncia a monopolizar la violencia legítima deja de serlo. Un Estado que se rinde a la invasión de fuerzas extranjeras, o a empresas que se imponen por las armas, desapa- rece. El Estado puede prohibir o no la venta de bebidas alcohólicas y seguir siendo Estado, pero no puede legitimar la violencia ilegítima sin autodestruirse.

    El enemigo no son los drogadictos, sino los grupos armados que imponen su violencia como ley. Lo cual, por supuesto, incluye a las mismísimas fuerzas del orden, si lo imponen al margen de la ley: atropellando a los ciudadanos o pactando con los piratas.

    Hay quienes piensan que pactar es la gran soluci√≥n. Subir de nivel los pactos que proliferan en niveles menores: las aduanas, las polic√≠as, el ej√©rcito, los jueces, las procuradur√≠as y secretar√≠as de la federaci√≥n, los gobiernos de los estados y municipios. Condicionar el pacto supremo a que acaben las disputas entre capos por el control de los mercados. Restaurar la paz bajo el dominio del Supremo √Ārbitro que reparte el queso pac√≠ficamente.

    El sistema funcion√≥ con Porfirio D√≠az, con Calles y con los sucesores que no s√≥lo fueron jefes del Estado y del gobierno, sino de la tenebra. Al margen de la ley y de la luz p√ļblica, los caciques y capos que andaban sueltos tuvieron que volverse socios subordinados al poder presidencial o ser asesinados.

    La “soluci√≥n” de un pacto al m√°ximo nivel consiste en declarar imposible el Estado de derecho y volver al Estado de chueco: el antiguo r√©gimen tenebroso del cual estamos saliendo, con las dificultades inherentes a la divisi√≥n de poderes, a la falta de profesionalismo y transparencia de las instituciones, a la novatez de una ciudadan√≠a que apenas est√° aprendiendo a intervenir.

    Volver ahora al antiguo r√©gimen no s√≥lo es indeseable, sino imposible. ¬ŅQui√©n va a pactar con qui√©n? El poder central est√° dividido, los c√°rteles tambi√©n. Y ¬Ņqui√©n va a asesinar a los rejegos que no cumplan los pactos? Ya no es tan f√°cil restaurar el presidencialismo absoluto del capo di tutti capi.

    Una cosa es sentir perdida la guerra contra la obesidad, desanimarse porque no se llega a la victoria final, y otra es entregar el Estado a los proveedores de fritangas. Rendirse al Chapo Guzm√°n, nombrarlo general de divisi√≥n (como al Negro Durazo) y elegirlo presidente de la rep√ļblica para que salve al pa√≠s de la violencia, no puede ser la soluci√≥n, aunque tenga un ej√©rcito numeroso, capacidad de fuego con tecnolog√≠a de punta, un millardo de d√≥lares (seg√ļn Forbes) y autoridades compradas.





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